Paz. Perdón. Conciencia

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Brusquedad, miedo, inseguridad, defensa. Percibo que una parte de las personas con las que me voy cruzando sienten el aire enrarecido, se creen incapaces de mantener su paz si no es de forma alérgica, sacrificando su salud por la inmediatez. Siento que existe un paralelismo con el auge de las "enfermedades" autoinmunes, donde alguien que se come tres croquetas acaba sangrando en sus intestinos. Igual es cosa mía, pero la gente parece que no aprende. A lo mejor sería bueno analizar nuestro enfoque, antes incluso de responder mentalmente y a la postre, físicamente. ¿Tenemos conciencia de que la otra persona o situación tiene unos condicionantes?¿Entendemos que su acto no es per sé una agresión?¿Si es algo mecánico, por qué me altera?¿Si está lejos y no me alcanza...? Veo responder mi mente…

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Te sigo queriendo (amando es lo correcto)

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Puede que haya pasado ya tiempo sin vernos, quizás ya no estés entre nosotros, tal vez estemos lejos o sería que mis pensamientos actuales ocupan todo el día sin dejar resquicios para pensar en ti. Seguro que si tu corazón palpita, como el mío, no requiere nubes en el cielo mental para que presencia y gravedad lo inunden todo. Si te pienso es con cariño, si no lo hago percibo la profundidad de un lago que es mi vida. Aunque pasase aquello, aunque no pasase nada, dejaste tu huella aquí dentro. Olvidé los malentendidos, los momentos de disonancia y las supuestas distancias en los momentos más crudos. Si nos cruzamos, aunque fuese una mirada, era el destino, tenía algo que enseñarnos, de forma dulce o cruel. Aquello que ignoramos por pereza,…

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Dos años ya

  • Tiempo de lectura:2 minutos de lectura

Me duele acordarme, no he sufrido ni llorado más en mi vida. La pérdida de una criatura como Perla es uno de los palos que te doblan el alma para siempre. Las vueltas que le hemos dado, que si por la baja de Bea, que si la ineptitud de los profesionales en el hospital, nuestra falta de experiencia, el desconocimiento de la gravedad de la triaditis... Toda la impotencia y el dolor concentrado en un punto, en el centro de nuestros corazones. Trato de acordarme de los buenos momentos que nos brindaba, sus carreras, sus quejidos, sus manotazos y sobre todo su alegría y gamberrismo, impropios de su especie, pero propios de su estirpe. El recuerdo me entristece aún más. Su belleza, su pelo, sus manchas y, sobre todo, su mirada.…

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