Venganza, desprecio, humillación, cargando sobre mi ego y al final de todo, dolor casi insoportable.
Te alías con la rabia, la energía que te mantiene en pie para no sucumbir ante los embates del oleaje de la vida que en acciones casi te impide.
Risa con cuentagotas, sol, luz y aire fino son una bendición que aparece repentina y pronto se escurre sin que nos demos cuenta. En esa tesitura te vi.
Nada ahora me impide revisar lo ocurrido, todo me empuja a comprender, entender y manejar mis emociones para construir una buena travesía.
Riadas de cortisol y dopamina ahogadas en serotonina y oxitocina nos recomponen. Ahora veo con claridad: todo está en orden, todo es perfecto. Tú estás donde debes estar, yo estoy donde debo estar. El dolor da la lección. El perdón es la mejor opción. La paz es el puerto al que he arribado. Yo me perdono, yo te perdono. Esta es mi historia.