Brusquedad, miedo, inseguridad, defensa. Percibo que una parte de las personas con las que me voy cruzando sienten el aire enrarecido, se creen incapaces de mantener su paz si no es de forma alérgica, sacrificando su salud por la inmediatez. Siento que existe un paralelismo con el auge de las “enfermedades” autoinmunes, donde alguien que se come tres croquetas acaba sangrando en sus intestinos. Igual es cosa mía, pero la gente parece que no aprende.
A lo mejor sería bueno analizar nuestro enfoque, antes incluso de responder mentalmente y a la postre, físicamente. ¿Tenemos conciencia de que la otra persona o situación tiene unos condicionantes?¿Entendemos que su acto no es per sé una agresión?¿Si es algo mecánico, por qué me altera?¿Si está lejos y no me alcanza…? Veo responder mi mente así por un simple mensaje de chat.
Recordaba ayer mi amigo Luis cómo era nuestro comportamiento hace décadas en el colegio, el gordo, el de gafas, el de orejas de soplillo eran etiquetados y tratados sin apenas desprecio pero como elemento distintivo de una masa mayoritaria sin atributos reseñables. ¿Era del todo inconsciente ese comportamiento o puede que fuese un atributo del inconsciente colectivo (Jung, C.G., Psicología del inconsciente) que nos prepara para la aceptación o para la estandarización? ¿Es acaso una forma de matizar las identidades (Maalouf, A., Identidades Asesinas (1998))? Lo cierto es que me tocó en el lado de los etiquetados, nunca me molestó lo que y cómo lo percibí.
Zaheridos o no, la convivencia no es fácil si trabajamos por tener la piel fina y nos orgullecemos de ello. El roce genera molestia y el acercamiento se torna imposible, eso es la primera derivada. La segunda derivada aparece con los miedos a las interacciones, la introversión y la mentalización de la realidad, que nos aleja de la verdad. Mi apreciación es que ya estamos en la tercera derivada: dolor, aislamiento, incomprensión y miedo, mucho miedo. Antes de llegar a una cuarta etapa, deberíamos retroceder. Veo la solución en la toma de conciencia del cuadro general, del trabajo interno para lograr entender y perdonar al otro, con mucho esfuerzo y constancia. El fin último es la paz interna y su consecuencia en el entorno, vivir en …